lunes, 9 de febrero de 2015

La Unión Económica y Monetaria

La Unión Económica y Monetaria (UEM) es el área formada por el conjunto de países, dentro de la Unión Europea, que comparten un mismo mercado, y una misma moneda, el euro, y donde se ejecuta una política monetaria única. Supone la integración de los distintos países miembros en un Mercado Común en el que se respeten las "cuatro libertades", es decir, la libertad de circulación de mercancías, servicios, personas y capitales. Igualmente, se pretende el establecimiento de una Política Comercial Común respecto a los países que no pertenezcan a dicho Mercado Común.

Así mismo, la Unión Económica culmina con la Unión Monetaria, proceso por el cual se instauró el euro como moneda única de una parte de los países de la Unión Europea. Con la Unión Económica y Monetaria, la Unión Europea  dio un paso más en su proceso de integración económica que comenzó con su fundación en 1957.

Cuando en 1958 se fundó la Unión Europea, entonces llamada Comunidad Económica Europea, el objetivo era crear una unión aduanera y un mercado común para la agricultura. Posteriormente, este limitado mercado común se amplió para abarcar también los bienes y servicios dentro del mercado único, que ya se había realizado en gran medida en 1993. Actualmente, la Unión Europea se encuentra en la quinta etapa del proceso. La progresiva integración económica no se inició con la decisión de crear el euro: se trata de un largo proceso que forma parte de la historia de la UE y constituye uno de sus logros fundamentales.


La UEM nace de forma oficial en el año 1988 con el objetivo último de la implantación de una moneda única, el euro como continuación natural de la unión económica debido a la atribución a la existencia de una moneda única de una serie de ventajas en cuanto se preveía que la nueva moneda llevaría consigo un incremento de la actividad económica derivado de la eliminación de incertidumbres y costes de transacción por las operaciones de cambio de divisas, así como una mayor transparencia a los precios en los mercados comunitarios, facilitando así mayores intercambios.

La UEM se constituyó en tres fases. En la primera, que tuvo lugar desde 1990 a 1993, se suprimieron las limitaciones al movimiento de capitales entre los Estados miembros y se reforzó la cooperación entre los bancos centrales de los países. En 1992 se firmó el Tratado de Maastricht por el que se modifica el Tratado Constitutivo de la Unión para recoger la UEM. Este tratado preveía la supresión de las monedas nacionales por la moneda común y también fijaba una serie de condiciones económicas de convergencia, denominadas criterios de convergencia, relativas a la estabilidad de los precios dentro de unos parámetros marcados, al déficit público, a la deuda pública y a los tipos de cambio, que eran de obligado cumplimiento para los países que quisieran integrarse en la UEM. La segunda fase se produjo entre los años 1994 y 1998 y trajo consigo la creación del Instituto Monetario Europeo, que fue el predecesor del actual Banco Central Europeo. En 1998 se aprobaron los países que iban a formar parte de la UEM ya que cumplían los requisitos acordados en el Tratado de Maastricht varios años atrás. Estos países eran Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Finlandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. La tercera fase se inició el 1 de enero de 1999, fecha en la que se establecieron los tipos fijos de cambio de cada una de las monedas con respecto al euro, la moneda común de la UEM. Además, el Banco Central Europeo sustituye al Instituto Monetario Europeo. Aunque el euro existe desde esta fecha como unidad monetaria, de cambio y cotización en los mercados, no existía como realidad física, es decir, no se habían emitido todavía billetes y monedas de euros. El primer día del año 2002 comenzaron a circular las nuevas monedas y billetes de euro, lo que supuso a su vez la desaparición de las monedas de los respectivos países aunque sí se produjo una breve etapa de convivencia entre ambas monedas. En 2001 se incorporó Grecia a la Unión Económica y Monetaria y posteriormente se han añadido nuevos países: en 2007, Eslovenia; en 2008, Chipre y Malta, en 2009 Eslovaquia y en 2011 se produce la incorporación de Estonia. El 1 de enero de 2014 Letonia pasa a formar parte de la UEM siendo la última incorporación la de Lituania el 1 de enero de 2015.

Desde el punto de vista práctico, la UEM conlleva una coordinación de las políticas económicas y físcales de los Estados miembros, especialmente imponiendo límites máximos a la deuda y el déficit, como ocurre en el caso de la crisis financiera de Grecia. Además, la UEM implica una política monetaria independiente aplicada por el Banco Central Europeo, el sucesor del antiguo Instituto Monetario Europeo. Aunque todos los países miembros de la UEM participan en la Unión Económica, algunos han alcanzado un mayor grado de integración y han adoptado el euro como moneda única, formando la llamada zona euro o eurozona.

La UEM no está regida por una única institución responsable de la política económica, sino que los Estados miembros y varias instituciones de la UE comparten esta responsabilidad. El Consejo Europeo es el que establece las principales orientaciones de la política económica, decidiendo además si un Estado miembro puede adoptar el euro. El Parlamento Europeo comparte también con el Consejo la función legislativa. A pesar de la existencia de estas instituciones oficiales, son los Estados miembros los que establecen sus presupuestos nacionales, dentro de los límites acordados para el déficit y la deuda, y deciden sus propias políticas estructurales de empleo, pensiones y mercado de capitales, siendo  la Comisión Europea la encargada de realizar el seguimiento del cumplimiento y los resultados obtenidos. Por último, el Banco Central Europeo establece la política monetaria, con el objetivo primordial de la estabilidad de precios.

La actual crisis económica ha puesto de manifiesto la gran interdependencia de las economías que forman parte de la Unión Económica y Monetaria pero también la excesiva confianza de las instituciones ante las situaciones que se producían y la falta  de instituciones y mecanismos supranacionales para evitar los desequilibrios que dieron lugar a la crisis así como responder a la misma de forma efectiva-

La unión Económica y  Monetaria necesita ahora mejorar su gobernanza económica sobre todo en tres áreas,  fiscal,  financiera y la de la integración económica.

 Así, la Comisión Europea ha elaborado un Plan Director  para una Unión Económica y Monetaria más profunda, sólida y estable en los ámbitos fiscal, financiero, político  y económico.

 El Plan director exigirá la adopción de  diversas medidas, algunas a corto y otras a  medio y largo plazo, algunas de ellas podrán requerir además la modificación de alguno de los tratados vigentes en la actualidad.
La primera etapa  del Plan es la creación de una Unión Bancaria que ya es un hecho. El Parlamento Europeo aprobó en 2014 los tres textos fundamentales que sirven de fundamento a la Unión Bancaria. Se da así un gran paso hacia la estabilidad financiera y económica garantizando que los europeos no tengan que volver a pagar las  deudas de los bancos.

La segunda fase exigirá  el refuerzo de la aplicación colectiva de las políticas económicas y presupuestarias, incluidas las políticas fiscales y las políticas de empleo.
Por último, se deberá alcanzar un presupuesto autónomo para la zona del euro que ofreciera a la UEM la capacidad fiscal necesaria para ayudar a los Estados miembros afectados por perturbaciones económicas. Un marco de gobernanza económica y fiscal profundamente integrado podría permitir la emisión común de deuda pública, lo que mejoraría el funcionamiento de los mercados y la aplicación de la política monetaria. Esto constituiría la etapa final de la UEM.


Pero la exitosa culminación de este proceso requerirá  que Europa potencie los mecanismos de solidaridad necesarios para acelerar un  proceso de convergencia de manera más efectiva y eficaz que en el pasado. Sin embargo, como la situación de cada uno de los países que componen la UEM es muy distinta, esta deberá  actuar con cautela, combinando en su justa medida  la rigurosidad y ambición en los ajustes y  reformas estructurales con  una graduación temporal apropiada y la solidaridad del resto de miembros de la eurozona. De no ser así la zona euro tendría un futuro incierto.

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